jueves, 28 de enero de 2010

son iguales? no lo creo.

Dulce Escarlata

Una habitación completamente normal, calida, acogedora, limpia, tranquila, siempre y cuando se ignorara la presencia de esa belleza limítrofemente celestial, y el cuerpo cubriendo el charco de sangre.

La mujer gritaba dolidamente, no podía entenderlo, sus ojos llenos de ira se tornaban rojizos, la llama de su espíritu ardía como nunca, venganza, odio, rencor, sustituían ese amor que avivaba la flama.

Volvió a besar al cuerpo, no podía creerlo, la sangre en sus labios era dulce, la saboreo por un momento, observo la reluciente daga, la enturbiada ventana, los copos de nieve, el blanco campo, y un cuerpo alejarse con serenidad.

Todo ese odio, parecía concentrarse en aquella silueta, sus ojos adquirieron un color carmesí, hasta que la sombra se perdió en el ocaso…

El frío Cian

Tranquilamente observaba, entristecía, pero no se arrepentía, se decía que era lo mejor, la impotencia se había apoderado de su mirar.

Se repetía “el amor nos ha hecho débil”, agonizaba al sentir la sangre entre sus manos, el calor en la habitación aumentaba…

Escucho la puerta abrirse, una calida y dulce presencia, al notar su confusión, el decidió partir.

Caminaba, cabizbajo, parecía un fantasma, llego al prado blanco, y siguió caminando, sin un rumbo fijo, solo caminaba.

Entonces sintió la helada brisa, y dijo “hace frío, eso me gusta, me da tranquilidad”, pudo sentir una mirada de ardor, no había nadie cerca, era Escarlata, que lejanamente, con un odio, abrumante, le miraba…

Olvidado Granat

Sus ojos habían perdido el color, el frío recorría su cuerpo con libertad, era evidente, el ya no estaba ahí…

Pero había algo, un detalle imperceptible, era su mano, que protegía una pequeña hoja, que no pedía venganza, pero la ocasionaría.

El conocía las razones de Cian, las comprendía, al igual que comprendería las acciones de Escarlata, el sabía del amor al igual que de la razón.

“Escarlata aspiraba recorrer el tiempo a tu lado, no obstante estuviera vedado por arcaicas leyes, ten perdón, que la oscuridad no te perturbe.” Junto a una gota de sangre, ella lo leía, no entendía, su vista era sombría, ya era tarde.

miércoles, 20 de enero de 2010

El inicio

El cruel reflejo

Comenzaba a nevar, no hacia frío, pero el aire en la habitación era impasible, debido a la charla de los reflejos, no más bien disputa.

Sus miradas se entrecruzaban, los mismos ojos plateados, pero eran paradójicos, un par era sereno, brumoso, con muchos secretos, mientras el otro reflejaba calor, un mar de emociones.

Era evidente su odio, pero su necesidad del otro a la vez, momentos de confusión sufrían, y en un lecho de oscurecimiento, un destello de luz se vio, un reflejo se desplomo, como si el espejo se hubiera resquebrajado.

El que seguía de pie, derramo una lágrima, que se evaporo, al tocar el fuego que comenzaba a chirriar, ya que lo acababa de encender, y sus labios pronunciaron desamparadamente: “el amor nos ha hecho débil”.

Y así permanecieron de pie, mirando las gotas rojas caer, esperando que el tiempo, lenta pero dolorosamente, consumiera al que al parecer era mortal.

Los últimos instantes

El débil y moribundo humano, mientras esperaba, mirando tras la ventana, observaba esas frágiles y blancas partículas, y aguardaba, que el tiempo consumiera su esencia, quebrantada y dolida.

Seguía viendo la nieve caer, mientras escuchaba el fuego crujir, inconcientemente se vio al espejo y pensó en voz alta “veme ahí desolado y derrotado” entonces tuvo la sensación de ser observado, era su reflejo en la ventana, la cual se había empañado.

Contaba los copos de agua congelada, cada 99 copos florecía una esperanza, pero a la vez sentía el frío apoderarse de el, como perdía el fuego de su corazón.

Maldijo al cielo, veía la sangre fluir lentamente, su Dios se burlaba de el, lo estaba retando, pero a el no le importaba, ya nada le importaba, su muerte estaba próxima, la podía sentir.

Tirado en el suelo, vislumbro una silueta, sintió una mano acariciar su cara, la mano era calida, unos labios que rozaron los suyos, pero ya no importaba, su tiempo había acabado, ya no sentía, ya no vivía…