Alba venganza
Todo lo que se veía era blanco, no parecía consumarse, pero el lo sabia, lo sentía.
Con premura, se avecinaba, era cuestión de tiempo, una flama, una daga, el frío.
Todo sucedió tan pronto, pero ellos lo vieron todo, como si hubiera durado días ese encuentro, en realidad solo pasaron segundos.
Escarlata con una admirable velocidad, Cian con tranquilidad y perspicacia, freno la delicada pero fuerte mano, aun que le quemaba, se apodero del arma.
Pero eso no pareció asombrar a ninguno de los dos, ella sabía que eso sucediera, y con la otra mano, hizo, el que ella esperaba fuera, el movimiento final, la sangre goteaba, ella sonreía, su represalia estaba efectuada…
Argén altivo
Si bien estaba segura de su laurel,
no sonreía siquiera, pero un jolgorio,
se empezaba a percibir.
Era Cian que reía imperiosamente,
parecía desquiciado, un tanto bizarro,
notaba la sangre tornar carmín la nieve,
la daga también se manchaba, no importaba,
con eso no sucumbiría ante la muerte.
Esa bizarría, parecía cambiar a una gallardees,
jugaba con ambas dagas, tenía una herida en la mano,
hizo un gesto mínimo de sorpresa, y dijo:
“Eres fuerte, no obstante no te comparas a Granat.
Tú no naciste para lidiar, por eso tienes esa belleza
inconmensurable, no tienes la sabiduría o habilidad,
que el posee, mucho menos la mía”.
Escarlata estaba incrédula, susceptible a un golpe directo,
sin embargo Cian no se movió, sonrío y volvió a hablar:
“así que ya has vuelto, me alegra”…